Hola,
me gustaría contaros mi historia. No es una especial, seguramente
muchos os veréis identificados. ¿Mi motivo para contárosla?
Desahogarme, echar todas mis penas. Bueno empiezo. Esta historia tiene
varias etapas: la niñez, la pre-adolescencia, la adolescencia y la
preparación para la adultez.
Empecemos:
Desde que tengo memoria hasta los 8 años estuve "enamorada” de un
mismo chico. Él es hijo de unos amigos de mis padres. Vivíamos en el
mismo edificio, yo en una planta superior. Siempre estábamos juntos
tanto cuando salíamos con nuestros papás como cuando el subía a mi
casa a jugar conmigo. A los 5 añitos me mudé de CIUDAD,
pero siempre que volvíamos íbamos a su casa a cenar. Siempre que
volvía a mi sitio de origen me volvía a "enamorar”. Ahora que lo pienso
son cosas de niños. Yo le quiero y le querré siempre. Sé que siempre
será mi amor platónico, pero también soy consciente de que nunca vamos
a estar juntos; siempre seremos como hermanos.
Cuando
cumplí los 9 años me di cuenta de que mi vida cambiaba, era el año de
la Comunión y me faltaba muy poquito para empezar la secundaria. Me
hacía mayor. Ese "enamoramiento loco” se fue yendo a la misma vez que
mi niñez. Cuando llegue a la pre-adolescencia me empezaron a gustar
diferentes chicos, que si el vecino de enfrente, que si el compañero de
clase, etc. En esa época se tienen las hormonas revueltas, o eso
decía mi madre.
Cumplí
los 12 y conocí a un chico guapísimo. Alto, ojos marrones que te
vuelven loca cuando cruzas una mirada, por muy fugaz que sea. Pero no
era de la ciudad donde yo vivía, era mi tierra natal. Otra vez estaba
cometiendo el mismo error: "enamorarme” de una persona a 200 Km. de mí.
Nos conocimos en Semana Santa, él con traje de chaqueta y su corbata,
y yo con mi vestidito azul y mis rebeca celeste. Aunque nuestros
cuerpos no lo aparentaban, éramos niños.
Al
año siguiente habíamos cambiado. Él estaba más alto y más guapo que
nunca. Y mi cuerpo iba cambiando hacia el de una mujer. Llevamos un
año sin vernos y a mi no se me olvidaban esos ojos con los me había
encontrado una vez. Nunca nos habíamos dirigido una palabra, pero nos
habíamos visto a diario durante una semana entera. Pero ese año fue
distinto. Nos chocamos a la entrada de la pastelería que hay situada
detrás del palco. Me pidió perdón y entablamos una conversación. Yo no
me lo podía creer. Era como una de esas películas que vemos en la tele.
Nos fuimos conociendo e intercambiamos teléfonos. En Mayo yo volví a mi
ciudad para ir a la celebración de una Comunión de uno de mis primos.
Le llamé y quedamos para vernos un día de los tres que yo iba a
permanecer en la ciudad. ¿Adivináis que pasó? Me pidió salir y yo
acepté.
Nuestros cuerpos habían cambiado. Él parecía mayor y yo ya empezaba a tener pechos, pero realmente éramos aun muy poco maduros.
Solo
tuvieron que pasar dos meses para que nos diéramos cuanta que no
podíamos estar juntos. Pero, obviamente, él no sufrió. Fui yo la que me
lleve mi primer chasco, era mi primer novio y me había puesto los
cuernos.
Imaginaros
como me dolió que no volví a salir con otro chico hasta los 16 años
de edad. Fue en verano. Nunca me hubiera imaginado que ese chico se
fijase en mí. No duramos nada. Reconozco que esta vez, fui yo la que
me equivoqué. Me arrepiento de haber salido con él, y no porque no le
quisiese y no me pareciera guapo, sino porque una amiga me contó que
él lo pasó mal, y eso me recordó a mi anterior novio.
Un
mes después de eso, conocí a un chico increíble, fantástico y
guapísimo. Me pidió salir al quinto día de conocernos. Le dije que sí.
Estuvimos saliendo un mes. Pero a las dos semanas de empezar a salir me
fue infiel. Yo no me di cuenta hasta dos días antes de cortar cuando
me lo contó un amigo. Me llevé otro palo. De tres iban dos.
Tres
meses después empecé a salir con otro chico, pensaba que él era
diferente. De hecho me hacía sentir diferente. Se preocupaba por mí, me
respetaba. Pero no tenía futuro: yo el año que viene me voy a vivir a
mí ciudad natal, porque quiero estudiar allí. Mis padres se quedan
aquí pero yo me quiero mi futuro allá. Bueno volviendo a la historia:
el día antes de hacer dos meses cortó conmigo. Nos mantenemos como
amigos, de hecho podría decir que es uno de los mejores.
Pero el problema no es mi pasado. ”Lo pasado, pasado está”. El problema es mi situación actual.
Estoy
volviendo a caer en el mismo error que hace unos años. Me he
enamorado, y este enamorarse no lo pongo entre comillas porque es real,
de un chico a 200 kilómetros de mí. Ahora que lo estoy escribiendo me
parece gracioso, porque esta frase ya la he utilizado antes. Me he
enamorado amigos. Pero no se que me pasa, es tan diferentes a todos los
chicos con los que he estado y lo que siento es tan enorme y tan
grandioso. Me siento una estúpida cuando hablo de él. Me hace sentir
otra. Soy vergonzosa, pues con él no. Con él me da igual lo que pase a
mi alrededor, me da igual lo que piensen los demás.
Me siento otra.
Me siento segura.
Me siento enamorada.
Pero
mi problema, creo que él no me quiere, y si me quiere es como amigos.
Pero esta Semana Santa que pasó, no demostró eso. Yo diría que le
gustaba pero ahora no se que decir. Ayer me dijo que él pensaba que se
había olvidado de la chica que le dijo que no en enero, pero que al
volver a verla el otro día sintió algo. Yo sentí en ese momento dos
sentimientos: uno, que se me rompía el corazón en mil pedacitos y otro,
respiré profundo y me dije si él tiene que ser feliz con esa chica que
lo sea.
No
sé si entenderéis lo que quiero decir, pero siento que me parto en
dos cuando pienso en que no le gusto y no me quiere. Y sé que lo
volveré a ver en Junio, pero aun queda un mes y medio y tenemos 17 años,
en este tiempo puede pasar de todo. Y lo que temo es que conozca a
alguien que valga la pena más que yo.
o.o dile todo lo k te incomoda y si es posible cuentale tu historia! y si te ama de verdad te entendera pero preguntale si de verdad te amaa!! se franka no andes con rodeoss la base del a mor es la confianza bueno nose k maz decirte pero cuidate mucho y buena suerte con tu caso.. :)
ResponderEliminar